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La Santa Sede pide respeto por el status quo en Tierra Santa

La Santa Sede sigue con gran atención la evolución de la situación en Oriente Medio, de modo especial en Jerusalén, ciudad sagrada para cristianos, judíos y musulmanes de todo el mundo.

Tal y como se lee en el comunicado publicado por la oficina de prensa de la Santa Sede, "expresando su dolor por los enfrentamientos que se han cobrado la vida de numerosas víctimas en los últimos días, el Santo Padre renueva su llamamiento a la sabiduría y la prudencia de todos, y eleva fervientes oraciones con el fin de que los líderes de las naciones, en este momento de particular gravedad, se comprometan a evitar una nueva espiral de violencia, respondiendo con palabras y hechos, a los anhelos de paz, justicia y seguridad de las poblaciones de esa tierra atormentada". 

Las preocupaciones sobre las perspectivas de paz en la región han sido objeto de diversas iniciativas en los últimos días, incluidas las urgentes reuniones convocadas por la Liga Árabe y la Organización para la Cooperación Islámica.

La Santa Sede es sensible a estas preocupaciones y, recordando las sentidas palabras del Papa Francisco, reitera su conocida posición con respecto al carácter singular de la Ciudad Santa y la ineludibilidad del respeto por el status quo, en conformidad con las deliberaciones de la comunidad internacional y las reiteradas peticiones de las jerarquías de las Iglesias y de las comunidades cristianas de Tierra Santa.

Al mismo tiempo, reitera su convicción de que solo una solución negociada entre israelíes y palestinos puede conducir a una paz estable y duradera y garantizar así, la coexistencia pacífica de dos estados dentro de fronteras reconocidas internacionalmente.

(from Vatican Radio)

Papa: fuerte vínculo entre derechos humanos y desarme nuclear

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

El vínculo entre los derechos humanos y el desarme nuclear, el preocupante fenómeno del cambio climático: fueron estos los temas tocados por el Papa apenas terminada la oración del Ángelus del segundo domingo de Adviento.

Francisco recuerda la celebración hoy del Día de los Derechos Humanos, instituido por las Naciones Unidas, y lo hace en ocasión de la entrega  del Premio Nobel de la Paz a la Campaña Internacional para abolir las armas nucleares. El Papa subraya “el fuerte vínculo entre los derechos humanos y el desarme nuclear” y  explica que “empeñarse por la tutela de la dignidad de todas las personas, sobre todo de aquellas más débiles y desfavorecidas”, significa también “trabajar con determinación para construir un mundo sin armas nucleares”.

En las palabras del Pontífice vuelve otra vez el tema del cambio climático, "un fenómeno preocupante" – dice – que será tratado pasado mañana en París en la Cumbre “Our Planet Summit”.

“Deseo vivamente que esta Cumbre, así como las otras iniciativas que van en la misma dirección, favorezcan una clara toma de conciencia sobre la necesidad de adoptar decisiones realmente eficaces para contrastar los cambios climáticos y, al mismo tiempo, combatir la pobreza y promover el desarrollo humano integral”, afirma el Santo Padre.

En este contexto el Papa expresa su cercanía a las poblaciones indias golpeadas por el ciclón Okhi, con un pensamiento especial dirigido a las familias “de los muchísimos pescadores dispersos”; y no olvida a las poblaciones de Albania, extenuadas por graves inundaciones.

Texto completo de las palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy será conferido el Premio Nobel de la Paz a la Campaña Internacional para abolir las armas nucleares. Tal reconocimiento tiene lugar en coincidencia con el Día de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos y esto subraya el fuerte  vínculo entre los derechos humanos y el desarme nuclear. De hecho, empeñarse por la tutela de la dignidad de todas las personas, en modo particular de aquellas más débiles y desfavorecidas, significa también trabajar con determinación para construir un mundo sin armas nucleares. Dios nos dona la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común: tenemos la libertad, la inteligencia y la capacidad de guiar la tecnología, de limitar nuestro poder, al servicio de la paz y del verdadero progreso (cfr. Carta Encíclica Laudato si, 78, 112, 202).

Pasado mañana se desarrollará en París la Cumbre “Our Planet Summit”. A dos años de la adopción del Acuerdo de París sobre el clima, esta tiene la intención de renovar el compromiso para su realización y consolidar una estrategia compartida para contrastar el preocupante fenómeno del cambio climático. Deseo vivamente que esta Cumbre, así como las otras iniciativas que van en la misma dirección, favorezcan una clara toma de conciencia sobre la necesidad de adoptar decisiones realmente eficaces para contrastar los cambios climáticos y, al mismo tiempo, combatir la pobreza y promover el desarrollo humano integral.

En este contexto quisiera expresar mi cercanía a las poblaciones indias golpeadas por el ciclón Okhi, especialmente a las familias de los muchísimos pescadores dispersos; y también a la población de Albania, duramente extenuada por graves inundaciones

Dirijo mi saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos. En particular a los fieles llegados de Valladolid y Huelva, en España. Saludo a los numerosos grupos de jóvenes y chicos italianos procedentes de Florencia, Carugate, Brembate, Almè, Petosino y Pian Camuno: los aliento a todos a ser alegres testigos del Evangelio.

Les deseo a todos un feliz domingo y buen camino de Adviento, preparando el camino al Señor que viene. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

 

(from Vatican Radio)

Ángelus del Papa: En Adviento dejemos atrás nuestro orgullo para que entre Jesús

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

“El Adviento es un tiempo para reconocer los vacíos que hay en nuestras vidas, suavizar la aspereza del orgullo y hacer un lugar en nuestro corazón a Jesús que viene”, palabras del Papa Francisco a la hora del rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, el domingo 10 de diciembre, II del tiempo de Adviento.

Acompañado por miles de fieles y peregrinos de varias partes del mundo, el Santo Padre reflexionó sobre la liturgia dominical en la que el profeta Isaías se dirige al pueblo anunciando el final del exilio de Babilonia y el regreso a Jerusalén.

Haciendo alusión a las profesías de Isaías, “Todo valle sea levantado, y bájese todo monte y collado"(40,3); el Pontífice explicó que los valles para rellenar representan todos los vacíos de nuestro comportamiento ante Dios, como puede ser el hecho de no orar, la falta de caridad; así como todos nuestros pecados de omisión. Mientras que los montes que “debemos allanar”, son el orgullo, la soberbia, y la prepotencia.

“Debemos adoptar una actitud de mansedumbre y humildad para poder preparar la venida de nuestro Salvador, que es manso y humilde de corazón (cfr Mt 11,29)”, afirmó el Sucesor de Pedro indicando que todas estas acciones deben llevarse a cabo con alegría, ya que "están encaminadas a la llegada de Jesús".

“El Adviento, es por tanto, un tiempo propicio para orar más intensamente, para reservar a la vida espiritual el puesto importante que le corresponde, y para estar más atentos a las necesidades del prójimo”, dijo Francisco recordando que si actuamos de esta manera, “podemos abrir caminos de esperanza en el desierto del corazón árido de tantas personas”.

"El Salvador que esperamos es capaz de transformar nuestra vida con la fuerza del Espíritu Santo y con el amor", concluyó el Obispo de Roma pidiendo a la Virgen María, que ha preparado la venida de Cristo con la totalidad de su existencia, "que nos ayude a seguir su ejemplo y guíe nuestros pasos hacia el Señor, que viene". 

Audio y texto completo de las palabras del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El domingo pasado hemos iniciado el Adviento con la invitación a vigilar; hoy, segundo domingo de este tiempo de preparación a la Navidad, la liturgia nos indica los contenidos propios: es un tiempo para reconocer los vacíos para colmar en nuestra vida, para allanar las asperezas del orgullo y hacer espacio a Jesús que viene.

El profeta Isaías se dirige al pueblo anunciando el final del exilio en Babilonia y el regreso a Jerusalén. Él profetiza: “Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor! […].”¡Que se rellenen todos los valles!” (40,3). Los valles para rellenar representan todos los vacíos de nuestro comportamiento delante de Dios, todos nuestros pecados de omisión. Un vacío en nuestra vida puede ser el hecho que no rezamos o rezamos poco. El Adviento es entonces el momento favorable para rezar con más intensidad, para reservar a la vida espiritual el puesto importante que le corresponde.

Otro vacío podría ser la falta de caridad hacia el prójimo, sobre todo, hacia las personas más necesitadas de ayuda no sólo material, sino también espiritual. Estamos llamados a estar más atentos a las necesidades de los otros, más cercanos. Como Juan Bautista, en este modo podemos abrir caminos de esperanza en el desierto de los corazones áridos de tantas personas.

“Que se aplanen todas las montañas” (v. 4), exhorta aun Isaías. Los montes y las colinas que deben ser aplanadas son el orgullo, la soberbia, la prepotencia. Donde hay orgullo, donde hay prepotencia, donde hay soberbia no puede entrar el Señor porque aquel corazón está lleno de orgullo, de prepotencia, de soberbia. Por esto, debemos bajar este orgullo.

Debemos asumir actitudes de mansedumbre y de humildad, sin gritar, escuchar, hablar con mansedumbre y así preparar la venida de nuestro Salvador, Él que es manso y humilde de corazón (cfr. Mt 11,29). Después se nos pide que eliminemos todos los obstáculos que ponemos a nuestra unión con el Señor: “¡Que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!” Entonces se revelará la gloria del Señor – dice Isaías – y todos los hombres la verán juntamente» (Is. 40,4-5). Pero estas acciones van realizadas con alegría, porque están finalizadas a la preparación de la llegada de Jesús. Cuando esperamos en casa la visita de una persona querida, predisponemos todo con cuidado y felicidad. Del mismo modo, queremos predisponernos para la venida del Señor: esperarlo cada día con diligencia, para ser colmados de su gracia cuando vendrá.

El Salvador que esperamos es capaz de transformar nuestra vida con su gracia, con la fuerza del Espíritu Santo, con la fuerza del amor. En efecto, el Espíritu Santo infunde en nuestros corazones el amor de Dios, fuente inagotable de purificación, de vida nueva y de libertad. La Virgen María ha vivido en plenitud esta realidad, dejándose “bautizar” por el Espíritu Santo que la ha inundado de su potencia. Ella, que ha preparado la venida del Cristo con la totalidad de su existencia, nos ayude a seguir su ejemplo y guíe nuestros pasos al encuentro con el Señor que viene.

Traducción del italiano: María Cecilia Mutual

(from Vatican Radio)

Papa: impulsar el carisma cabriniano al servicio de los migrantes que huyen de pobreza y violencia

El Papa Francisco destacó la apremiante actualidad del apostolado de Santa Cabrini verdadera misionera de la acogida y testimonio del amor cristiano a los migrantes

Al recibir a las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, en ocasión del primer centenario de la muerte de Santa Francisca Javier Cabrini, a la que Pío XII proclamó «Patrona celeste ante Dios de todos los migrantes», el Obispo de Roma recordó el camino vocacional de la Madre Cabrini, que vivió profundamente la espiritualidad del Corazón del Señor, haciéndola conocer y amar.

Nacida en Italia, nacionalizada estadounidense, escuchando la exhortación del Papa León XIII, comprendió dónde Dios la enviaba para su misión. No a China, como ella pensaba sino a las Américas, para desarrollar su apostolado asistiendo a los migrantes. Misión que ella realizó infatigablemente llegando hasta los Andes y Argentina y falleciendo luego en Chicago, el 17 de diciembre de 1917.

«He aquí el ejemplo de una verdadera vocación olvidarse de sí mismos para entregarse plenamente al amor de Dios»:

«Después de tantos años, la realidad de los migrantes a los que Santa Francisca Javier dedicó toda su vida, ha evolucionado y es más actual que nunca. Nuevos rostros, de hombres, mujeres y niños, marcados por tantas formas de pobreza y de violencia, están nuevamente ante nuestros ojos y esperan encontrar en su camino manos tendidas y corazones acogedores como los de la Madre Cabrini. A ustedes, en particular, se les ofrece la responsabilidad de ser fieles a la misión de vuestra Santa Fundadora».

En este contexto, el Papa Francisco hizo hincapié en la importancia de esta misión evangélica en el momento presente, los migrantes necesitan leyes, pero en primer lugar, necesitan el testimonio activo del amor de Dios:

«Su carisma tiene una actualidad extraordinaria, porque los migrantes tienen necesidad ciertamente de buenas leyes, de programas de desarrollo, de organización, pero siempre tienen necesidad también y ante todo de amor, de amistad, de cercanía humana; tienen necesidad de ser escuchados, de que se les mire a los ojos, de ser acompañados: tienen necesidad de Dios, encontrado en el amor gratuito de una mujer que, con el corazón consagrado, es hermana y madre tuya».

«Que el Señor renueve siempre en ustedes la mirada atenta y misericordiosa hacia los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestros países», deseó el Papa Francisco y añadió:

«La Madre Cabrini tenía la valentía de mirar a los ojos a los niños huérfanos que se le encomendaban, a los jóvenes sin trabajo que tenían la tentación de delinquir, a los hombres y mujeres explotados en los trabajos más humildes. Por ello estamos todos aquí para agradecer a Dios por su santidad. En cada uno de esos hermanos y hermanas, ella reconocía el rostro de Cristo. Y siendo genial como era ella, fue capaz de hacer fructificar los talentos que el Señor le había confiado».

(CdM)

(from Vatican Radio)

Oración del Papa en el día de la Inmaculada: "somos pobres pecadores pero siempre tus hijos"

El viernes 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, tras rezar el Ángelus al mediodía con miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco se dirigió a la Plaza de España en Roma para rendir homenaje a la Reina de los Cielos.

Como es ya tradición, el Santo Padre llegó en torno a las 4:00 de la tarde a la plaza, sede de la embajada española ante la Santa Sede, abarrotada de fieles deseosos de compartir el momento de la oración del Papa y la entrega de la ofrenda floral al monumento de la Inmaculada, que reposa sobre una esbelta columna de aproximadamente 12 metros de altura.

“Madre Inmaculada: por quinta vez me pongo a tus pies como obispo de Roma, para rendirte homenaje en nombre de todos los habitantes de esta ciudad”, dijo el Obispo de Roma.

“Queremos agradecerte por tu cuidado constante con el que nos acompañas en nuestro camino. El camino de las familias, parroquias, comunidades religiosas; el camino de aquellos que todos los días, a veces con dificultad, pasan por Roma para ir a trabajar; el camino de los enfermos, de los ancianos, de todos los pobres, de tantas personas que emigraron desde tierras de guerra y hambre”, añadió el Sucesor de Pedro agradeciendo la presencia materna, tierna y fuerte que encuentra el cristiano “tan pronto como dirige a Nuestra Señora, un pensamiento, una mirada o un fugaz Ave María”.

«Oh Madre, ayuda a esta ciudad a desarrollar los "anticuerpos" contra algunos virus de nuestros tiempos», prosiguió el Papa.

 «La indiferencia, que dice: “no me concierne”, la mala educación cívica que desprecia el bien común, el miedo al diferente y al extranjero; el conformismo disfrazado de transgresión, la hipocresía de acusar a los otros mientras se hacen las mismas cosas; la resignación a la degradación ambiental y ética; la explotación de tantos hombres y mujeres. Ayúdanos a rechazar estos y otros virus con los anticuerpos que provienen del Evangelio. Haz que tomemos el buen hábito de leer todos los días un pasaje del Evangelio, y siguiendo tu ejemplo, custodiemos la Palabra en el corazón, para que como buena semilla dé frutos en nuestras vidas».

En su oración, el Santo Padre también recordó el ejemplo de conversión acaecido hace 175 años en la Iglesia de San Andrea delle Fratte, a unos pocos metros de distancia de Plaza de España; cuando la Virgen tocó el corazón de Alfonso Ratisbonne, que en ese momento, de ateo y enemigo de la Iglesia pasó a ser cristiano.

 “A él te mostraste como una Madre de gracia y misericordia”, dijo Francisco.

«Concédenos también a nosotros, especialmente en las pruebas y en las tentaciones, fijar la mirada en tus manos abiertas que dejan caer sobre la tierra las gracias del Señor, y deshacernos de toda arrogancia orgullosa, para reconocernos como verdaderamente somos: pequeños y pobres pecadores, pero siempre tus hijos. Y así poner nuestra mano en la tuya para dejarnos llevar hasta Jesús, nuestro hermano y salvador, y hasta nuestro Padre Celestial, que nunca se cansa de esperarnos ni de perdonarnos cuando regresamos a Él.

¡Gracias, Oh Madre, porque siempre nos escuchas!

Bendice a la Iglesia de Roma, bendice a esta ciudad y al mundo entero. Amén», concluyó el Papa.

(from Vatican Radio)

Papa: María es el único oasis siempre verde de la humanidad

De María Fernanda Bernasconi, SpC

En la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, el Papa Francisco  rezó a mediodía la oración mariana del Ángelus con los fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro.

Al comentar el Evangelio del día el Pontífice explicó que el episodio de la Anunciación nos ayuda a comprender la belleza de María Inmaculada de modo especial a través del saludo del ángel. Sí, porque él, antes de llamarla por su nombre, se dirige a Ella utilizando la frase “llena de gracia”, es decir colmada por la gracia y creada por la gracia. Y así – dijo el Santo Padre – revela el nombre nuevo que Dios le ha dado. De hecho, también nosotros la llamamos así cada vez que rezamos el Ave María.

Tras explicar lo que significa “llena de gracia” el Obispo de Roma afirmó que lamentablemente el mundo está contaminado por el mal. Y que cada uno de nosotros ve los propios lados oscuros, de la misma manera que los más grandes santos eran pecadores y todas las realidades, incluso las más bellas, están melladas por el mal. Todas las realidades menos María, naturalmente, puesto que Ella es el único “oasis siempre verde” de la humanidad, la única “incontaminada, creada inmaculada para acoger plenamente, con su ‘sí’, a Dios que venía al mundo para iniciar, de este modo, una historia nueva”.

De manera que hoy – dijo el Papa al concluir – “miremos con alegría a la llena de gracia. Pidámosle que nos ayude a permanecer jóvenes, diciendo ‘no’ al pecado, y a vivir una vida bella, diciendo ‘sí’ a Dios.

Una vez concluido el rezo mariano el Papa Francisco saludó a los diversos grupos de fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, entre los cuales había numerosas familias y grupos parroquiales.

El Santo Padre recordó que en esta fiesta de María Inmaculada la Acción Católica Italiana vive la renovación de la adhesión. De ahí que haya animado a sus asociaciones diocesanas y parroquiales a fortalecer el compromiso formativo para ser testigos creíbles del Evangelio, a la vez que pidió a la Virgen que bendiga a la Acción Católica haciendo fecundo su propósito de servir la misión evangelizadora de la Iglesia.

Antes de desear a todos una feliz fiesta y un buen camino de Adviento, sin olvidarse de rezar por él, el Papa explicó que por la tarde irá a la Plaza de España para renovar su tradicional homenaje a la Inmaculada, pidiendo a los fieles que se unan espiritualmente en este gesto que expresa la devoción filial a nuestra Madre celestial.

 

Voz y texto completo de las palabras del Papa antes del rezo del Ángelus

«¡Queridos hermanos y hermanas buenos días y feliz fiesta!

Hoy contemplamos la belleza de María Inmaculada. El Evangelio, que narra el episodio de la Anunciación, nos ayuda a comprender lo que festejamos, sobre todo a través del saludo del ángel. Él se dirige a María con una palabra no fácil de traducir, que significa ‘colmada de gracia’, ‘creada por la gracia’, “llena de gracia” (Lc 1,28). Antes de llamarla María, la llama llena de gracia y así revela el nombre nuevo que Dios le ha dado y que es más apropiado para Ella que el que le dieron sus padres. También nosotros la llamamos así, en cada Ave María.

¿Qué quiere decir llena de gracia? Que María está llena de la presencia de Dios. Y si está enteramente habitada por Dios, no hay lugar en Ella para el pecado. Es una cosa extraordinaria, porque todo en el mundo, lamentablemente, está contaminado por el mal. Cada uno de nosotros, mirándose dentro, ve algunos lados oscuros. También los santos más grandes eran pecadores y todas las realidades, incluso las más bellas, están afectadas por el mal: todas, menos María. Ella es el único ‘oasis siempre verde’ de la humanidad, la única incontaminada, creada inmaculada para acoger plenamente, con su ‘sí’ a Dios que venía al mundo y comenzar así una historia nueva.

Cada vez que la reconocemos llena de gracia, le dirigimos el cumplido más grande, el mismo que le dirigió Dios. Un lindo cumplido que hacer a una señora es decirle con amabilidad, que demuestra una edad joven. Cuando le decimos a María llena de gracia, en cierto sentido también le decimos eso, a nivel más alto. En efecto, la reconocemos siempre joven, nunca envejecida por el pecado. Sólo hay una cosa que hace envejecer, envejecer interiormente: no es la edad, sino el pecado. El pecado envejece porque esclerotiza el corazón. Lo cierra, lo vuelve inerte, lo hace marchitar. Pero la llena de gracia está vacía de pecado. Entonces es siempre joven ‘más joven que el pecado’ es ‘la más joven del género humano’ (G Bernanos, Diario de un Cura Rural, II, 1088, p 175).

Hoy la Iglesia felicita a María llamándola toda bella, tota pulchra. Así como su juventud no está en su edad, tampoco su belleza consiste en lo exterior. María, como muestra el Evangelio hodierno, no sobresale en apariencia: de familia sencilla, vivía humildemente en Nazaret, un pueblito casi desconocido. Y no era famosa: aun cuando el ángel la visitó nadie lo supo, ese día no había ningún reportero. La Virgen no tuvo tampoco una vida acomodada, sino preocupaciones y temores: ‘se conturbó’ (v 29), dice el Evangelio, y, cuando el ángel ‘dejándola se fue’ (v 38), los problemas aumentaron.

Sin embargo, la llena de gracia ha vivido una vida bella. ¿Cuál era su secreto? Podemos percibirlo mirando nuevamente la escena de la Anunciación. En muchas pinturas, María está representada sentada ante el ángel con un pequeño libro en sus manos. Este libro es la Escritura. Así María solía escuchar a Dios y transcurrir su tiempo con Él. La Palabra de Dios era su secreto: cercana a su corazón, se hizo carne luego en su vientre. Permaneciendo con Dios, dialogando con Él en toda circunstancia, María hizo bella su vida. No la apariencia, no lo que pasa, sino el corazón tendido hacia Dios hace bella la vida. Miremos hoy con alegría a la llena de gracia. Pidámosle que nos ayude a permanecer jóvenes, diciendo ‘no’ al pecado, y a vivir una vida bella, diciendo sí’ a Dios.

(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

(from Vatican Radio)