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Papa: las colonizaciones ideológicas son formas de persecución

De María Fernanda Bernasconi

La colonización cultural e ideológica no tolera las diferencias y hace todo igual terminando por perseguir a los creyentes. Lo subrayó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el tercer martes de noviembre. El Pontífice centró su reflexión en el martirio de Eleazar, que narra el libro de los Macabeos propuesto por la Primera Lectura (6,18-31).

El Santo Padre afirmó que existen tres tipos principales de persecuciones: una persecución sólo religiosa, otra político-religiosa como por ejemplo  – dijo Francisco – la “Guerra de los treinta años” o la “noche de San Bartolomé”, y una tercera persecución de tipo puramente “cultural”, es decir, cuando llega “una nueva cultura que quiere hacer todo nuevo y barre con todas las tradiciones, la historia, e incluso la religión de un pueblo”. Este último tipo de persecuciones es la que encuentra Eleazar, condenado a morir por fidelidad a Dios.

El Papa recordó que el día anterior había iniciado el relato de esta persecución cultural, en la que algunos miembros del pueblo, viendo el poder y la magnífica belleza de Antíoco Epífanes, habían pensado en aliarse para ser modernos y perdieron. De manera que este pueblo que creció en torno a la Ley del Señor, hace entrar una nueva cultura, “nuevas instituciones”, que barren todo: “cultura, religión y ley”. “Todo nuevo”, la “modernidad” es una verdadera colonización ideológica – subrayó el Papa –  que quiere imponer al pueblo de Israel “esta costumbre única”, en base a la cual todo se hace así y hay libertad para otras cosas. Y algunos aceptaron porque les parecía una cosa buena, para ser como los demás, y así se eliminan las tradiciones y el pueblo comienza a vivir de un modo diverso.

Para defender las “verdaderas tradiciones” del pueblo, nacen algunas resistencias, como la de Eleazar, hombre digno, muy respetado. Precisamente el Libro de los Macabeos relata la historia de estos mártires, de estos héroes. Una persecución nacida a partir de una colonización ideológica y siempre va adelante así: destruye, “hace todo igual, no es capaz de tolerar las diferencias”.

“Raíz perversa” fue la palabra clave que evidenció el Papa, es decir, Antíoco Epífanes: una raíz que viene hecha entrar para hacer crecer en el pueblo de Dios “junto al poder” estos hábitos “nuevos, paganos, mundanos”.

Las colonizaciones ideológicas y culturales sólo ven el presente, reniegan el pasado y no ven el futuro

“Y éste es el camino de las colonizaciones culturales que terminan persiguiendo también a los creyentes. No debemos ir demasiado lejos para ver algunos ejemplos: pensemos en los genocidios del siglo pasado, que era una cosa cultural, nueva: “Todos iguales y éstos que no tienen la sangre pura, afuera, y éstos”… Todos iguales. No hay lugar para las diferencias, no hay lugar para los demás, no hay lugar para Dios. Es la raíz perversa. Ante estas colonizaciones culturales que nacen de la perversidad de una raíz ideológica, Eleazar, él mismo se hace raíz”.

El Pontífice prosiguió explicando que lo que había llegado del reino de Antíoco, era una novedad y que las novedades no son todas malas, basta pensar en el Evangelio, en Jesús, que es una novedad, si bien Francisco advirtió que hay que saber distinguir:

Es necesario discernir las novedades

“Es necesario discernir las novedades. ¿Esta novedad es del Señor, viene del Espíritu Santo, viene de la raíz de Dios o esta novedad viene de una raíz perversa? Antes, sí, era pecado. No se podía matar a los niños; pero hoy se puede, no hay tanto problema, es una novedad perversa. Ayer, las diferencias eran claras, como ha hecho Dios, la creación se respetaba; pero hoy somos un poco modernos… tú haces… tú entiendes… las cosas no son tan diferentes… y se hace una mescolanza de cosas”.

En cambio – dijo el Papa Bergoglio al concluir – la novedad de Dios jamás “hace una negociación”, sino que hace crecer y mira al futuro:

“Las colonizaciones ideológicas y culturales sólo ven el presente, reniegan el pasado y no ven el futuro. Viven en el momento, no en el tiempo, y por esto no pueden prometernos nada. Y con esta actitud de que todos sean iguales y borrar las diferencias cometen el pecado malísimo de la blasfemia contra Dios creador. Cada vez que se produce una colonización cultural e ideológica se peca contra Dios creador porque se quiere cambiar la Creación como la ha hecho Él. Y contra este hecho que a lo largo de la historia ha sucedido tantas veces hay sólo una medicina: el testimonio, es decir, el martirio”.

Francisco terminó deseando que el ejemplo de Eleazar “nos ayude en los momentos, tal vez, de confusión, ante las colonizaciones culturales y espirituales que se nos proponen”.

 

(from Vatican Radio)

Pope Francis: Cultural colonization ends in persecution

(Vatican Radio) Cultural and ideological colonization does not tolerate differences and makes everything the same, resulting in the persecution even of believers. Those were Pope Francis’ reflections in his homily morning Mass at Casa Santa Marta, which centered on the martyrdom of Eleazar, narrated in the book of Maccabees from the First Reading (Maccabees 6: 18-31).

The Pope noted that there are three main types of persecution: a purely religious persecution; a “mixed” persecution that has both religious and political motivations, like the Thirty Years War or the St. Bartholomew’s Day Massacre”; and a kind of cultural persecution, when a new culture comes in wanting “to make everything new and to make a clean break with everything: the cultures, the laws and the religions of a people.” It is this last type of persecution that led to the martyrdom of Eleazar.

The account of this persecution began in the reading from Monday’s liturgy. Some of the Jewish people, seeing the power and the magnificent beauty of Antiochus Ephiphanes (a Greek king of the Seleucid Empire), wanted to make an alliance with him. They wanted to be up-to-date and modern, and so they approached the king and asked him to allow them “to introduce the pagan institutions of other nations” among their own people. Not necessarily the ideas or gods of those nations, the Pope noted, but the institutions. In this way, this people brought in a new culture, “new institutions” in order to make a clean break with everything: their “culture, religion, law.” This modernizing, this renewal of everything, the Pope emphasized, is a true ideological colonization that wanted to impose on the people of Israel “this unique practice,” according to which everything was done in a particular way, and there was no freedom for other things. Some people accepted it because it seemed good to be like the others; and so the traditions were left aside, and the people begin to live in a different way.

But to defend the “true traditions” of the people, a resistance rose up, like that of Eleazar, who was very dignified, and respected by all. The book of Maccabees, the Pope said, tells the story of these martyrs, these heroes. A persecution born of ideological colonization always proceeds in the same way: destroying, attempting to make everyone the same. Such persecutions are incapable of tolerating differences.

The key word highlighted by the Pope, beginning with Monday’s reading is “perverse root” – that is Antiochus Epifanes: the root that came to introduce into the people of God, “with power,” these new, pagan, worldly” customs:

“And this is the path of cultural colonization that ends up persecuting believers too. But we do not have to go too far to see some examples: we think of the genocides of the last century, which was a new cultural thing: [Trying to make] everyone equal; [so that] there is no place for differences, there is no place for others, there is no place for God. It is the perverse root. Faced with this cultural colonization, which arises from the perversity of an ideological root, Eleazar himself has become [a contrary] root.

In fact, Eleazar dies thinking of the young people, leaving them a noble example. “He gives [his] life; for love of God and of the law he is made a root for the future.” So, in the face of that perverse root that produces this ideological and cultural colonization, “there is this other root that gives [his] life for the future to grow.”

What had come from the kingdom of Antioch was a novelty. But not all new things are bad, the Pope said: just think of the Gospel of Jesus, which was a novelty. When it comes to novelties, the Pope said, one has to be able to make distinctions:

“There is a need to discern ‘the new things’: Is this new thing from the Lord, does it come from the Holy Spirit, is it rooted in God? Or does this newness come from a perverse root? But before, [for example] yes, it was a sin to kill children; but today it is not a problem, it is a perverse novelty. Yesterday, the differences were clear, as God made it, creation was respected; but today [people say] we are a little modern... you act... you understand ... things are not so different ... and things are mixed together.”

 The “new things” of God, on the other hand, never makes “a negotiation” but grows and looks at the future:

“Ideological and cultural colonizations only look to the present; they deny the past, and do not look to the future. They live in the moment, not in time, and so they can’t promise us anything. And with this attitude of making everyone equal and cancelling out differences, they commit, they make an particularly ugly blasphemy against God the Creator. Every time a cultural and ideological colonization comes along, it sins against God the Creator because it wants to change Creation as it was made by Him. And against this fact that has occurred so often in history, there is only one medicine: bearing witness; that is, martyrdom.

Eleazar, in fact, gives the witness by giving his life, considering the inheritance he will leave by his example: “I have lived thus. Yes, I dialogue with those who think otherwise, but my testimony is thus, according to the law of God.” Eleazar does not think about leaving behind money or anything of that kind, but looks to the future, “the legacy of his testimony,” to that testimony that would be “a promise of fruitfulness for the young.” It becomes, therefore, a root to give life to others. And the Pope concludes with the hope that that example “will help us in moments of confusion in the face of the cultural and spiritual colonization that is being proposed to us.”

(from Vatican Radio)

Video mensaje del Papa Francisco a Bangladés en vísperas de su viaje

El Papa Francisco envió un video mensaje a todo el pueblo bangladesí, como es tradicional, antes de emprender su Viaje Apostólico a esta nación, del 30 de noviembre al 2 de diciembre de 2017, donde llegará procedente de Myanmar, con el lema «Armonía y Paz».

El Obispo de Roma dirige «una palabra de saludo y de amistad» y recuerda que peregrina «como ministro del Evangelio de Jesucristo, para proclamar su mensaje de reconciliación, de perdón y de paz». Así como su anhelo de confirmar a los católicos en «la fe y en el testimonio del Evangelio, que enseña la dignidad de todo hombre y mujer, y nos llama a abrir nuestros corazones a los demás, en especial a los más pobres y necesitados»

Destacando también su alegría ante el encuentro con los líderes religiosos en Ramna, el Papa reitera la importancia actual de impulsar el respeto mutuo como miembros de la «única familia humana».

El mensaje pontificio termina invocando las «divinas bendiciones de alegría y de paz» sobre Bangladés.

«Queridos amigos

mientras me preparo a visitar Bangladés, ya dentro de pocos días, deseo enviar una palabra de saludo y de amistad a todo su pueblo. No veo la hora de que llegue el momento en el que podremos estar juntos.

Llego como ministro del Evangelio de Jesucristo, para proclamar su mensaje de reconciliación, de perdón y de paz. Mi visita tiene la intención de confirmar a la comunidad católica de Bangladés en su fe y en su testimonio del Evangelio, que enseña la dignidad de todo hombre y mujer, y nos llama a abrir nuestros corazones a los demás, en especial a los más pobres y necesitados.

Al mismo tiempo, deseo encontrar al pueblo entero. En especial, no veo la hora de encontrar a los líderes religiosos en Ramna. Vivimos en un tiempo en el que los creyentes y los hombres de buena voluntad, en todo lugar, están llamados a promover recíprocamente la comprensión y el respeto y a sostenerse el uno con el otro, como miembros de la única familia humana.

Sé que muchos en Bangladés están trabajando con empeño para preparar mi visita y les agradezco. Pido a cada uno que rece para que los días en los cuales estaré con ustedes puedan ser fuente de esperanza y de aliento para todos. ¡Sobre ustedes y sus familias invoco las divinas bendiciones de alegría y de paz!».

(CdM)
 
(from Vatican Radio)

El Papa: “Diaconado permanente, signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”

“La Iglesia encuentra en el Diaconado permanente la expresión y al mismo tiempo, el impulso vital para hacerse ella misma signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”, lo escribe el Papa Francisco en el prefacio del libro titulado: “El Diaconado en el pensamiento de Papa Francisco. Una iglesia pobre para los pobres”, escrito por Enzo Petrolino, Presidente del Diaconado de Italia.

El texto – presentado en rueda de prensa la tarde de este lunes, 20 de noviembre, en la Sala Marconi de Palacio Pío del Vaticano – recopila las intervenciones del entonces Arzobispo de Buenos Aires, sobre el diaconado durante el curso de su ministerio episcopal en Argentina y aquellas más recientes pronunciadas como Obispo de Roma.

En el prefacio de este volumen, el Santo Padre resalta el extraordinario crecimiento espiritual y pastoral de la Iglesia en los últimos decenios, gracias a la profunda recepción de los documentos del Concilio Vaticano II. “En este contexto – escribe el Santo Padre – el diaconado permanente ha reencontrado las raíces de su presencia en la comunidad de los creyentes y en el más amplio tejido social, adquiriendo de una parte conciencia del propio rol de servicio a Cristo y a los hombres, y recibiendo, de otra parte, un nuevo impulso de las orientaciones que el Magisterio ha dado a lo largo de estos años a la común reflexión eclesial”.

Así mismo, el Papa Francisco subraya que es necesario profundizar el desarrollo que el Diaconado permanente ha vivido hasta hoy, para comprender mejor su recorrido, mediante una lectura que contenga toda la riqueza doctrinal, pastoral y exhortativa. “La Iglesia encuentra en el Diaconado permanente – puntualiza el Pontífice – la expresión y al mismo tiempo el impulso vital para hacerse ella misma signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”. Por ello, es importante señala el Papa, la sensibilidad en la formación de una “conciencia diaconal” que puede considerarse el motivo de fondo que debe penetrar en las comunidades cristianas.

Otro aspecto importante, puntualiza el Papa Francisco, es aquel de la oración por las vocaciones. También hoy, agrega, la comunidad cristiana debe estar siempre presente en el germinar de las vocaciones, en su formación y en su perseverancia. “Toda la diaconía de la Iglesia – de la cual aquella ministerial es signo e instrumento – tiene su corazón pulsante en el Ministerio Eucarístico y se realiza ante todo en el servicio de los pobres que son el rostro de Cristo sufriente”.

A lo largo de las etapas del camino diaconal, evidencia el Papa Francisco, a lo largo de estos años, el magisterio pontificio ha dejado una huella al mismo tiempo clara y motivadora en el signo de la obediencia fiel y de la alegría que debe acompañar la misión del diácono en la Iglesia y en el mundo de hoy, amplificando las orientaciones indicadas por el Concilio y alargando los horizontes de acción. Por ello, afirma el Papa, “el ministerio diaconal debe ser visto, pues, como parte integrante del trabajo hecho por el Concilio para preparar a la entera Iglesia a un renovado apostolado en el mundo de hoy. Los diáconos pueden ser definidos pioneros de una nueva civilización del amor, como amaba decir Juan Pablo II”.

Renato Martinez - SpC

(from Vatican Radio)

Pope addresses Italian road and railway police

While commending Italy’s police force for ensuring the safety and security of those travelling by road and train, Pope Francis on Monday called on them to also inculcate humanity, uprightness ‎and “mercy”.  ‎  The Pope met some 100 top leaders and officials of Italy’s road police that celebrating its 70th anniversary and railway police that is marking its 110 years. 

Click below to listen:

 

Road safety

Talking about road safety, Pope Francis told the group it is necessary to deal with the low level of responsibility on the part of many drivers, who often do not even realize the serious consequences of their inattention (for example, with improper use of cell phones) or their disregard.  He said this is caused by a hurried and competitive lifestyle that regards other drivers as obstacles or opponents ‎to overcome, turning roads into "Formula One" tracks and the traffic lights as the starting line of a Grand Prix race.  In such a context, the Pope said, sanctions are not just enough to increase security, but there is a need for an ‎educative action, which creates greater awareness of one’s responsibilities for those traveling ‎alongside. ‎

Beyond professionalism

The Pope told the police men and women that the fruit of their experience on the road and the railway will help in raising awareness and increase civic sense. Their professionalism not only depends on their skills but also on their “profound uprightness” which never takes ‎advantage of the powers they possess, thus helping develop a “high degree of humanity.”  The Pope said that in surveillance and prevention, it is important to ensure never to let the use of force degenerate into ‎violence, especially when a policeman is regarded with suspicion or almost as an enemy instead of a guardian of the common good.

Mercy

In fulfilling their functions, the Holy Father suggested the police have a “sort of mercy”, which he said is not synonymous with ‎weakness.  Neither does it mean renunciation of the use of force.  It means not identifying the ‎offender with the offence he has committed, that ends up creating harm and generating revenge.  Their work requires them to use mercy even in the countless situations of weakness and pain that they face daily, ‎not only in various types of accidents but also in meeting needy or disadvantaged people.

Good vs evil

The Pope also asked the road and railway police to recognize the presence of the clash between good and evil in the world and within us, and to do everything possible to fight egoism, injustice and  ‎indifference and whatever offends man, creates ‎disorder and foments illegality, hindering the happiness and growth of people. 

(from Vatican Radio)

Su servicio es misión para cumplir con estilo de misericordia y rectitud: el Papa a la Policía de Tránsito y Ferroviaria

Un estilo de Misericordia en el cumplimiento del proprio deber: es cuanto pidió en Papa Francisco a los Directivos y al Personal de la Dirección Central de la Policía de Tránsito y Ferroviaria italiana, a quienes recibió en audiencia en la mañana del 20 de noviembre.

Con palabras de reconocimiento el Pontífice se dirigió a los 100 representantes del ente de Policía recordándoles que misericordia no significa debilidad, ni requiere la renuncia al uso de la fuerza: significa en cambio ser capaces de no identificar al culpable con el delito que ha cometido, terminando por crearle daño y sentido de desquite,  y también – agregó el Papa –  implica realizar el esfuerzo de comprender las exigencias y las razones de las personas que encuentran en el camino”.

El Obispo de Roma recordó que cada ciudadano debe sentirse agradecido por el trabajo que los representantes de esta fuerza del orden realizan en nombre del Estado y de la colectividad, que tiene como fin, la seguridad de quienes viajan por las calles y en los trenes, en un mundo “en donde los desplazamientos se multiplican, de tal manera  que “una movilidad eficiente y segura se ha vuelto una exigencia primaria e imprescindible”.

Relevando la situación de la viabilidad actual que es ”siempre más compleja y tumultuosa”, el Papa evidenció “el escaso sentido de responsabilidad” de parte de tantos conductores “que parecen no darse cuenta de las consecuencias también graves de sus desatenciones”. Una situación de la cual el Papa explica la causa: la velocidad y competitividad asumida como estilo de vida que transforma a los demás conductores en obstáculos o adversarios para superar “convirtiendo las calles en pistas de fórmula uno”.

Francisco invitó entonces a una acción de sensibilización del sentido cívico ya sea en el sector vial que en aquel ferroviario, “que debería obtener todos los frutos posibles de la experiencia que ustedes hombres y mujeres de la Policía acumulan cada día en las calles y en las ferrovías, en el contacto directo con las personas y las problemáticas”.

Refiriéndose seguidamente al sector ferroviario como “un ámbito fundamental en la vida del país” el Papa constató que también éste necesita de “mantenimiento e inversiones estructurales, cuya insuficiencia procura cada día incomodidades a millones de viajeros”. Lo que encuentran cada día en las ferrovías es como un ‘microcosmos’ dentro del cual pasan las realidades más diversas a quienes “se ofrece seguridad, prevención y represión de los delitos”, agrega.

El Santo Padre recordó asimismo que en el ámbito de las ferrovías como en las calles, la acción de la Policía exige una elevada profesionalidad y especialización, pero evidenció que dicha profesionalidad no debe caracterizarse sólo por la elevada competencia sino también por una profundad rectitud que lleve a no aprovecharse jamás del poder del que disponen y de un alto grado de humanidad”.  Y precisó:

“Ya sea en las acciones de control que en aquellas represivas, es importante que el uso de la fuerza no degenere jamás en violencia”.

“Vuestro servicio, a menudo no adecuadamente estimado,  los pone en el corazón de la sociedad” les dijo finalmente Francisco, no dudando en definirlo “como una misión” que debe cumplirse “con honor y profundo sentido del deber, a servicio del hombre y del bien común”.

(María Cecilia Mutual)

 

(from Vatican Radio)

Pope on World Day of the Poor: they open for us the way to heaven

(Vatican Radio) Pope Francis celebrated Mass on Sunday – the XXXIII Sunday in Ordinary Time and the first-ever World Day of the Poor – in St. Peter’s Basilica. The Holy Father announced the World Day of the Poor during the Extraordinary Jubilee Year of Mercy, and entrusted its organization and promotion to the Pontifical Council for Promoting the New Evangelization.

There were some 4 thousand needy people in the congregation for the Mass, after which Pope Francis offered Sunday lunch in the Paul VI Hall.

Speaking off the cuff to guests at the luncheon, the Holy Father said, “We pray that the Lord bless us, bless this meal, bless those who have prepared it, bless us all, bless our hearts, our families, our desires, our lives and give us health and strength.” The Holy Father went on to ask God's blessing on all those eating and serving in soup kitchens throughout the city. “Rome,” he said, “is full of this [charity and good will] today.”

Click below to hear our report

The World Day of the Poor is to be marked annually, on the 33rd Sunday in Ordinary Time.

In the homily he prepared for the occasion and delivered in St. Peter’s Basilica following the Gospel reading, Pope Francis said, “In the poor, Jesus knocks on the doors of our heart, thirsting for our love.” He went on to say, “When we overcome our indifference and, in the name of Jesus, we give of ourselves for the least of his brethren, we are his good and faithful friends, with whom he loves to dwell.”

Reminding the faithful that it is precisely in the poor, we find the presence of Jesus, who, though rich, became poor (cf. 2 Cor 8:9), and that there is therefore in each and every poor person, a “saving power” present, Pope Francis said, “[I]f in the eyes of the world they have little value, they are the ones who open to us the way to heaven.”

“For us,” the Pope continued, “it is an evangelical duty to care for them, as our real riches, and to do so not only by giving them bread, but also by breaking with them the bread of God’s word, which is addressed first to them.

“To love the poor,” Pope Francis said, “means to combat all forms of poverty, spiritual and material: and it will also do us good. Drawing near to the poor in our midst will touch our lives. It will remind us of what really counts: to love God and our neighbour. Only this lasts forever, everything else passes away.” 

(from Vatican Radio)

El Papa en el almuerzo con sus invitados en la Jornada Mundial de los Pobres

Después de la Santa Misa y del rezo del Ángelus, el Papa Francisco almorzó en el Aula Pablo VI con 1.500 personas menesterosas, compartiendo un momento de fiesta.

Otras 2.500, que también habían participado en esta Jornada Mundial de los Pobres, provenientes de distintas Diócesis del mundo, fueron hospedadas en otros comedores de Roma, preparados para esta ocasión.

Para todos ellos y las personas que colaboraron en la iniciativa solidaria, las palabras de saludo y de bendición del Papa:

«¡Bienvenidos a todos! Preparémonos para este momento juntos: cada uno de nosotros con el corazón lleno de buena voluntad y de amistad hacia los demás, compartir el almuerzo y deseándonos lo mejor los unos a los otros. Y ahora roguemos al Señor que nos bendiga, que bendiga esta comida, bendiga a aquellos que la han preparado, bendiga a todos nosotros, bendiga nuestros corazones, nuestras familias, nuestros anhelos, nuestra vida y nos dé salud y fortaleza. Amén

También una bendición a todos aquellos que están en otros comedores en Roma, porque hoy en Roma hay muchos comedores como éste. Un saludo y un aplauso desde aquí para todos…»

(CdM)

(from Vatican Radio)

Pope Francis: homily for World Day of the Poor

(Vatican Radio) Pope Francis celebrated Mass on Sunday – the XXXIII Sunday in Ordinary Time and the first-ever World Day of the Poor – in St. Peter’s Basilica. Below, please find the full text of his homily on the occasion, in its official English translation

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We have the joy of breaking the bread of God’s word, and shortly, we will have the joy of breaking and receiving the Bread of the Eucharist, food for life’s journey. All of us, none excluded, need this, for all of us are beggars when it comes to what is essential: God’s love, which gives meaning to our lives and a life without end. So today too, we lift up our hands to him, asking to receive his gifts.

The Gospel parable speaks of gifts. It tells us that we have received talents from God, “according to ability of each” (Mt 25:15). Before all else, let us realize this: we do have talents; in God’s eyes, we are “talented”. Consequently, no one can think that he or she is useless, so poor as to be incapable of giving something to others. We are chosen and blessed by God, who wants to fill us with his gifts, more than any father or mother does with their own children. And God, in whose eyes no child can be neglected, entrusts to each of us a mission.

Indeed, as the loving and demanding Father that he is, he gives us responsibility. In the parable, we see that each servant is given talents to use wisely. But whereas the first two servants do what they are charged, the third does not make his talents bear fruit; he gives back only what he had received. “I was afraid – he says – and I went and hid your talent in the ground. Here you have what is yours” (v. 25). As a result, he is harshly rebuked as “wicked and lazy” (v. 26). What made the Master displeased with him? To use a word that may sound a little old-fashioned but is still timely, I would say it was his omission. His evil was that of failing to do good. All too often, we have the idea that we haven’t done anything wrong, and so we rest content, presuming that we are good and just. But in this way we risk acting like the unworthy servant: he did no wrong, he didn’t waste the talent, in fact he kept it carefully hidden in the ground. But to do no wrong is not enough. God is not an inspector looking for unstamped tickets; he is a Father looking for children to whom he can entrust his property and his plans (cf. v. 14). It is sad when the Father of love does not receive a generous response of love from his children, who do no more than keep the rules and follow the commandments, like hired hands in the house of the Father (cf. Lk 15:17).

The unworthy servant, despite receiving a talent from the Master who loves to share and multiply his gifts, guarded it jealously; he was content to keep it safe. But someone concerned only to preserve and maintain the treasures of the past is not being faithful to God. Instead, the parable tells us, the one who adds new talents is truly “faithful” (vv. 21 and 23), because he sees things as God does; he does not stand still, but instead, out of love, takes risks. He puts his life on the line for others; he is not content to keep things as they are. One thing alone does he overlook: his own interest. That is the only right “omission”.

Omission is also the great sin where the poor are concerned. Here it has a specific name: indifference. It is when we say, “That doesn’t regard me; it’s not my business; it’s society’s problem”. It is when we turn away from a brother or sister in need, when we change channels as soon as a disturbing question comes up, when we grow indignant at evil but do nothing about it. God will not ask us if we felt righteous indignation, but whether we did some good.

How, in practice can we please God? When we want to please someone dear to us, for example by giving a gift, we need first to know that person’s tastes, lest the gift prove more pleasing to the giver than to the recipient. When we want to offer something to the Lord, we can find his tastes in the Gospel. Immediately following the passage that we heard today, Jesus says, “Truly I tell you that, just as you did it to one of the least of these my brothers, you did it to me” (Mt 25:40). These least of our brethren, whom he loves dearly, are the hungry and the sick, the stranger and the prisoner, the poor and the abandoned, the suffering who receive no help, the needy who are cast aside. On their faces we can imagine seeing Jesus’ own face; on their lips, even if pursed in pain, we can hear his words: “This is my body” (Mt 26:26).

In the poor, Jesus knocks on the doors of our heart, thirsting for our love. When we overcome our indifference and, in the name of Jesus, we give of ourselves for the least of his brethren, we are his good and faithful friends, with whom he loves to dwell. God greatly appreciates the attitude described in today’s first reading that of the “good wife”, who “opens her hand to the poor, and reaches out her hands to the needy” (Prov 31:10.20). Here we see true goodness and strength: not in closed fists and crossed arms, but in ready hands outstretched to the poor, to the wounded flesh of the Lord.

There, in the poor, we find the presence of Jesus, who, though rich, became poor (cf. 2 Cor 8:9). For this reason, in them, in their weakness, a “saving power” is present. And if in the eyes of the world they have little value, they are the ones who open to us the way to heaven; they are our “passport to paradise”. For us it is an evangelical duty to care for them, as our real riches, and to do so not only by giving them bread, but also by breaking with them the bread of God’s word, which is addressed first to them. To love the poor means to combat all forms of poverty, spiritual and material.

And it will also do us good. Drawing near to the poor in our midst will touch our lives. It will remind us of what really counts: to love God and our neighbour. Only this lasts forever, everything else passes away. What we invest in love remains, the rest vanishes. Today we might ask ourselves: “What counts for me in life? Where am I making my investments?” In fleeting riches, with which the world is never satisfied, or in the wealth bestowed by God, who gives eternal life? This is the choice before us: to live in order to gain things on earth, or to give things away in order to gain heaven. Where heaven is concerned, what matters is not what we have, but what we give, for “those who store up treasures for themselves, do not grow rich in the sight of God” (Lk 12:21).

So let us not seek for ourselves more than we need, but rather what is good for others, and nothing of value will be lacking to us. May the Lord, who has compassion for our poverty and needs, and bestows his talents upon us, grant us the wisdom to seek what really matters, and the courage to love, not in words but in deeds.

(from Vatican Radio)

Ángelus del Papa en la I Jornada Mundial de los Pobres

El Papa Francisco, en la cita para el rezo del Ángelus invocó la ayuda de la Madre de Dios, «para que permanezcamos fieles a la voluntad de Dios haciendo fructificar los talentos con los que nos ha dotado»

El Obispo de Roma hizo hincapié en que «Jesús nos muestra la generosidad y el cuidado premuroso del Padre de tantas formas: con su palabra, con sus gestos, con su acogida hacia todos, en especial hacia los pecadores, los pequeños y los pobres – como hoy nos recuerda la I Jornada Mundial de los Pobres – pero también con sus advertencias, que revelan su interés para que nosotros no desperdiciemos inútilmente nuestra vida».

En la celebración de la Jornada que él ha querido ofrecer a la Iglesia universal para «que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados», el Papa reiteró que Dios tiene un gran aprecio por nosotros y alentó a confiar en Él, a no tener miedo de Dios, pues el miedo nos inmoviliza y autodestruye.

Destacó que «esta conciencia nos ayuda a ser personas responsables en toda acción nuestra», como nos recuerda la parábola de los talentos, que nos invita a «una responsabilidad personal y una fidelidad que se vuelve también capacidad de volvernos a poner en camino por sendas nuevas, sin ‘enterrar el talento’, es decir los dones que Dios nos ha confiado y sobre los cuales nos pedirá cuentas».

(CdM)

Voz y texto completo de las palabras del Papa antes del rezo del Ángelus

«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

En este penúltimo domingo del año litúrgico, el Evangelio nos presenta la parábola de los talentos (cfr Mt 25,14-30). Un hombre, antes de salir de viaje, entrega a sus siervos algunos talentos, que en ese tiempo eran monedas de gran valor: a un siervo, cinco talentos, a otro dos, a otro uno, según las capacidades de cada uno. El siervo que ha recibido cinco talentos es emprendedor y hace que fructifiquen, ganando  otros cinco. Lo mismo hace el que recibió dos y gana otros dos. En cambio, el siervo que ha recibido uno, escava un hueco en el terreno y esconde la moneda de su señor.

Es este mismo siervo el que le explica al señor, cuando vuelve, el motivo de su gesto diciendo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra» (24-25). Este siervo no tiene una relación de confianza con su señor, sino que le tiene miedo  y eso lo bloquea. El miedo inmoviliza siempre y a menudo hace cumplir opciones equivocadas. El miedo desalienta el tomar iniciativas, induce a refugiarse en soluciones seguras y garantizadas, y así se acaba con no realizar nada bueno. Para ir adelante y crecer en el camino de la vida, no hay que tener miedo, hay que tener confianza.

Esta parábola nos hace comprender cuán importante es tener una idea verdadera de Dios. No debemos pensar que Él es un patrón malo, exigente y severo que quiere castigarnos. Si dentro de nosotros tenemos esta imagen equivocada de Dios, entonces nuestra vida no podrá ser fecunda, porque viviremos en el miedo y no nos llevará a nada constructivo. Aún más, el miedo nos paraliza, nos autodestruye. Estamos llamados a reflexionar para descubrir cuál es verdaderamente nuestra idea de Dios. Ya en el Antiguo Testamento, Él se ha revelado como «Dios misericordioso y compasivo, lento para enojarse y pródigo en amor y fidelidad» (Ex 34,6) y Jesús nos ha mostrado siempre que Dios no es un patrón severo e intolerante, sino un padre lleno de amor, de ternura, un padre lleno de bondad. Por lo tanto podemos y debemos tener una confianza inmensa en Él.

Jesús nos muestra la generosidad y el cuidado premuroso del Padre de tantas formas: con su palabra, con sus gestos, con su acogida hacia todos, en especial hacia los pecadores, los pequeños y los pobres – como hoy nos recuerda la I Jornada Mundial de los Pobres – pero también con sus advertencias, que revelan su interés para que nosotros no desperdiciemos inútilmente nuestra vida. En efecto, es signo de que Dios tiene un gran aprecio por nosotros: esta conciencia nos ayuda a ser personas responsables en toda acción nuestra.  Por lo tanto, la parábola de los talentos nos recuerda una responsabilidad personal y una fidelidad que se vuelve también capacidad de volvernos a poner en camino por sendas nuevas, sin ‘enterrar el talento’, es decir los dones que Dios nos ha confiado y sobre los cuales nos pedirá cuentas.

Que la Virgen Santa interceda por nosotros, para que permanezcamos fieles a la voluntad de Dios haciendo fructificar los talentos con los que nos ha dotado. Así seremos útiles a los demás y, en el último día, seremos acogidos por el Señor, que nos invitará a participar de su alegría».

(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

 

(from Vatican Radio)